5 mitos sobre la felicidad – y 1 verdad que necesitas saber

Por Dominic Fenn | Comprende tus emociones

Dos sonrientes peluches sentados en un banco

Falta algo

¿Eres feliz?

¿Te despiertas cada mañana con una sonrisa, listo para disfrutar lo que el día te tenga reservado? ¿O tienes que obligarte a salir de la cama para cumplir con tus obligaciones?

Si te pasa como a la mayoría, entonces con toda seguridad estás en el segundo grupo.

Y si ese es el caso, apuesto que sientes que falta algo en tu vida.

Si...”

Cuando vives de esta manera, es fácil creer que las cosas irían mucho mejor “si...”

Si... tuvieras más dinero.
Si... no tuvieras que ir a trabajar.
Si... encontraras a tu pareja ideal.

Pero, ¿te has parado a pensar que quizás te estás planteando la felicidad de manera completamente equivocada?

Redefiniendo la felicidad

En este artículo, vamos a examinar detenidamente 5 creencias que tenemos acerca de lo que es la felicidad. Veremos por qué estas historias no son ciertas y descubriremos lo que significa ser auténticamente feliz.

¡Comenzamos!


Las historias que nos contamos

1. Si consigo un trabajo mejor, seré feliz

Lo que crees

Tu trabajo es un asco.

Es aburrido. Tus clientes son un poco coñazo. Tus compañeros son unos estirados y tu jefe hace que, a su lado, Adolf Hitler parezca el súmmum de la sensibilidad.

¿Sabes qué? Tienes razón: probablemente deberías buscar un trabajo mejor.

Pero si esperas que sea un camino de rosas, puedes que te lleves una desagradable sorpresa.

La realidad

Si estás en el trabajo equivocado, entonces desempeñar un nuevo cargo podría contribuir a sentirte más satisfecho. Además, es probable que el mero hecho de estar en un entorno nuevo te levante el ánimo a corto plazo.

Sin embargo, al final de día, seguirá siendo un trabajo.

Seguirás teniendo objetivos que cumplir. Discreparás con algunas personas. Seguirán surgiendo problemas y clientes difíciles. Nada de eso va a desaparecer como por arte de magia sólo porque te vayas a otro lugar.

Considera esto por un momento: ¿podría ser que el verdadero problema fuera la actitud que tienes hacia tu trabajo?

Después de todo, si te pasas la mayor parte del día sintiéndote irritado, enojado o no apreciado, ¿aun te extraña que llegues a casa por las noches con esa aplastante sensación de infelicidad?

2. Si gano mucho dinero, seré feliz

Lo que crees

¿Quién no quiere ser rico?

Quiero decir, ¡imagina las posibilidades! No tendrías que trabajar nunca más. Podrías levantarte a la hora que te viniera en gana y pasar el día haciendo lo que te apeteciera en cada momento.

Podrías permitirte lo mejor de todo. Viajar por el mundo, tener nuevas experiencias.

Sería un sueño hecho realidad, ¿verdad?

La realidad

Hay un par de problemas con esta perspectiva.

Primero, está la delicada cuestión de cómo vas a obtener ese dinero. A menos que tengas la suerte de ganar la lotería (estadísticamente, es mucho más probable que mueras en un ataque de asteroides) o seas lo suficientemente insensato como para intentar robarlo (en cuyo caso probablemente pasarás el resto de tus días en la cárcel), entonces vas a tener que trabajar muy duro para conseguirlo.

Esta perspectiva genera una tendencia a centrarte de manera desproporcionada en tu trabajo, perdiéndote todas las magníficas experiencias que podrías estar teniendo ahora, con la idea de poder jubilarte en algún momento y tomarte las cosas con calma.

Segundo, incluso si contra todo pronóstico ganas suficiente dinero (¿alguna vez es suficiente?) y puedes retirarte mientras aún estás suficientemente sano como para disfrutarlo, es posible que descubras que de repente tu vida carece del enfoque que tenía antes y no estás muy seguro de qué hacer contigo mismo.

Holgazanear en la piscina o pasear por lugares nuevos es maravilloso durante una semana o dos, pero el aburrimiento tiende a aparecer bastante rápido, especialmente para alguien que está acostumbrado a estar activo todo el día.

3. Si me compro cosas, seré feliz

Lo que crees

“A-ha!” te dices. “En este caso, no tengo que esperar a jubilarme. ¡Voy a disfrutar ahora mismo los frutos de tanto trabajo! ¿Has visto ese nuevo gadget? ¡Está genial!”

Cuando todo el mundo te dice continuamente que ese nuevo cacharro digital es indispensable; cuando donde quiera que vayas, te encuentras con imágenes de personas hermosas y sonrientes sosteniendo el último grito en teléfonos móviles; cuando tus amigos tienen accesorios sofisticados de todo tipo, y a ti te da vergüenza seguir usando este pedazo de chatarra que ya va para 3 años... bueno, pues es obvio que necesitas comprarte algo nuevo, ¿no?

O quizás tus deseos son de tipo más tradicional. Los bienes inmobiliarios son lo tuyo. ¡Esas nuevas McMansiones que están al otro lado de la ciudad son la bomba! Imagina tener todo ese espacio para llenar, todos esos muebles nuevos tan bonitos que puedes comprar. Vale, la hipoteca va a ser mucho mayor, pero tus padres siempre decían que invertir en una propiedad es invertir sobre seguro. ¿Y cómo no vas a ser feliz en un barrio como ese? Es mucho mejor que en el que vives ahora.

La realidad

Mira, soy el primero en admitirlo: me encantan los gadgets. Balancea delante de mí lo último en tecnología y estoy seguro de que empiezo a salivar...

Y sí, durante los primeros días, me dará mucha satisfacción tenerlo. Pero aquí está el quid de la cuestión: esa sensación no dura mucho. Después de un espacio de tiempo sorprendentemente corto, la magia se desvanece y empiezas a buscar algo mucho más nuevo y mejor. Lo que tienes está bien, pero ¡guau, es que lo que acaban de lanzar al mercado es simplemente increíble!

¿Te suena de algo? Esta tendencia es tan común que incluso hay un nombre para ella: Síndrome del Objeto Brillante. (Shiny Object Syndrome en inglés. ¿Crees que es una coincidencia que las letras formen un S-O-S?)

¿Y qué me dices de la flamante casa nueva? Sí, yo también he pasado por eso. Y créeme cuando te digo que es exactamente lo mismo, solo que a mayor escala.

Es bueno cambiar de ambiente, sentir que estás triunfando. Pero si tienes problemas en otras facetas de tu vida, los ladrillos y el mortero no los van a resolver, amigo mío.

4. Si me hago famoso, seré feliz

Lo que crees

Si eres un niño de los 80, entonces probablemente recuerdes esta canción de Bros...

Y si no, o si te parece antiguo y cursi hasta más no poder, estoy seguro de que sí estas familiarizado con Factor X o La Voz y su flujo incesante de jóvenes promesas que sueñan con el éxito.

Todos queremos ser famosos, ¿no?

Queremos que la gente reconozca nuestro talento. Queremos tener éxito. Queremos que la gente nos ame.

¿Qué hay de malo en eso?

La realidad

Bueno, no hay nada malo en eso.

No hay nada de malo en usar tu talento y trabajar duro para crear algo que otras personas puedan disfrutar o encuentren útil. Y sí, es genial cuando ese trabajo duro es reconocido y apreciado.

Pero la fama, en sí misma, probablemente no sea la solución si no te sientes feliz.

Si sientes un vacío en tu alma, no se va a llenar porque el público te adore. Al fin y al cabo, tus “fans” realmente no te conocen. Ni tú a ellos.

Lo que “aman” es su propia imagen reflejada en ti, una fantasía que es completamente diferente de tu verdadero yo. Proyectan en ti sus propias esperanzas, deseos e inseguridades, mientras tú continúas siendo exactamente la misma persona que siempre fuiste. Y se pueden volver en tu contra en cualquier momento.

En todo caso, la presión de estar en el punto de mira las 24 horas del día, los 7 días de la semana, de ver que se comparte en internet cualquier movimiento que hagas, simplemente va a alimentar y reforzar cualquier problema no resuelto que puedas tener. Ten en cuenta la proporción de famosos que son adictos a las drogas, alcohólicos, que sufren anorexia o tienen matrimonios fallidos. Ciertamente, puede que esas estrellas hayan tenido éxito externo, pero la fama no les ha traído la verdadera felicidad.

No importa la imagen que te crees sobre ti mismo, por dentro siempre serás tú.

5. Si encuentro al hombre/mujer/otro perfecto, seré feliz

Lo que crees

OK. Entonces nos olvidamos de la riqueza, la fama y todos esos bienes materiales innecesarios. Esas cosas no son importantes, ¿no?

Lo que realmente necesitamos es amor, amor verdadero. El amor de esa persona que realmente nos comprende, que nos da esa sensación de calidez interior y nos hace sentir bien (y sí, ¡que también es un bombón!). Alguien que excita nuestra mente, toca nuestra alma y nos lleva al séptimo cielo entre las sábanas.

En otras palabras, nuestra alma gemela.

¿Seguro que esto es lo que realmente nos hará felices?

La realidad

Vaaaale. Ahí me has pillado. Esto sí te hará feliz.

Quizás.

Durante un tiempo.

Hasta que te des cuenta de que no es la persona que pensabas que era. Todo se viene abajo, y ahora tienes que volver a empezar y buscar a otra persona. Tu verdadera alma gemela, no este impostor/a que te hizo creer que era “el único/la única”.

Bueno, aquí viene lo gracioso: no los vas a encontrar. Jamás. No mientras continúes con esa idea de que hay alguien en algún lugar que va a estar de acuerdo contigo en todo, que nunca hará algo que no te guste, que se dedique a satisfacer todos sus caprichos y, quien, en última instancia, asumirá la responsabilidad de garantizar que cada momento de tu vida sea feliz.

Eso no es amor. Es servidumbre.

Todos somos seres imperfectos, tratando de hacerlo lo mejor que podemos. Y todos queremos que nos amen. Pero el amor no es algo que los demás puedan darte. No se trata de que te hagan feliz. Se trata de compartir y apoyarse mutuamente, incluso cuando no coincidas con la otra persona, porque esta experiencia los va a hacer mejores a los dos. Juntos sois más que cada uno por separado.

Así que, en lugar de buscar la perfección, pregúntate a ti mismo: ¿esa persona merece tu amor?


Entendiendo todo esto

¡Uf! Esto ha sido bastante intenso.

Entonces, si nada de esto nos va a hacer felices ¿qué lo hará? ¿Y cuál es esa verdad que te prometí al principio del artículo?

¿Estás listo? Aquí está:

La felicidad es una ilusión.

¡Ay! Eso es un poco deprimente, Dominic...

No te preocupes, no es tan malo como parece. Vamos a concretar un poco más:

La felicidad, tal y como solemos considerarla, es una ilusión.

Echa otro vistazo a los cinco mitos anteriores. ¿Qué tienen todos en común?

Pues, de hecho, tres cosas:

  • Todos sugieren que si se da específicamente esa circunstancia, entonces tu estado (es decir, la forma en que te sientes) cambiará para siempre.
  • Todos hacen responsable de tu felicidad a alguien más o a otra cosa.
  • Todos se enfocan en algo que sucederá en el futuro.

Pero ninguno de estos tres supuestos es realista.

Cambiemos la perspectiva

No puedes permitir que tu felicidad dependa de ningún acontecimiento futuro externo a ti que no controlas. No puedes permitir que tu autoestima se base en eso.

Tampoco puedes esperar disfrutar de un estado de felicidad continua, en el que todos los aspectos de tu vida sean perfectos. El mundo simplemente no funciona así.

Siempre tendrás altibajos. Habrá momentos más felices y otros menos felices en su vida, independientemente del éxito externo que puedas lograr. Es así, y da igual que tengas el trabajo perfecto o la pareja perfecta o cualquier otra cosa que quieras conseguir.

A lo que deberías aspirar es a ser más consciente de las experiencias que tienes, vivirlas de la mejor manera que puedas. Y eso implica un cambio de actitud.

Aceptación y responsabilidad

Todo comienza con la aceptación: aceptamos aquellas cosas sobre las que no tenemos control y nos hacemos responsables de las que podemos controlar.

Si te suena familiar, es porque la Oración de la Serenidad ahonda bastante en ese mismo punto de vista:

“Señor, dame serenidad para poder aceptar
las cosas que no puedo cambiar,
Valor para cambiar las cosas
que deben ser cambiadas,
y Sabiduría para reconocer
la diferencia.”

Da igual si eres religioso o no, está claro que hay mucha sabiduría en estas palabras.

La “serenidad” es un elemento clave aquí, porque indica que lo que deberíamos buscar no es una alegría desenfrenada (o “felicidad” como tendemos a imaginarla), sino más bien una aceptación pacífica y un sentirnos conformes con lo que la vida nos trae.

Y para lograrlo, debemos centrar nuestra atención en lo que realmente nos está sucediendo en este momento, no en las historias que nos contamos sobre el pasado o el futuro.

De hecho, si realmente apreciamos las cosas buenas que tenemos en nuestra vida ahora, no podemos evitar sentirnos satisfechos. Y, por lo tanto, nuestras vidas serán más plenas y satisfactorias.

¿Y tú?

Si sientes que el contenido de este artículo se refiere a algo con lo que te sientes identificado, deja un comentario a continuación.

Cuéntanos qué te hace feliz y qué cambio vas a hacer para crear más alegría en tu vida. ¡Compartamos nuestras ideas y ayudémonos los unos a los otros a crecer!

  • Consuelo Gómez Isla dice:

    Totalmente de acuerdo con el bonito artículo, estoy en ello, y la verdad mucho más gratificante!!!

    • Dominic Fenn dice:

      Gracias, Consuelo. Creo que lo bonito es que todos tenemos la oportunidad de crecer y mejorar, cada día. Me alegro de que estás compartiendo este proceso con nosotros.

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