En la mente del que observa con curiosidad

Por Débora Tejera | Aprende mindfulness

El ojo de un niño

¿Te imaginas poder vivir sin expectativas? Tomando tus decisiones con libertad, sin esperar un resultado concreto; dando, sin esperar algo a cambio; avanzando con seguridad en tu camino, sin estar a la expectativa de que se den las condiciones “perfectas” o pendiente de las decisiones que los demás tomen...

Se necesita un compromiso profundo con uno mismo y mucho coraje para mantenerse en esa postura, para relacionarnos con nosotros y con los demás desde ese lugar de sencillez, franqueza y bondad.

La buena noticia es que es algo en lo que podemos trabajar, que podemos desarrollar. Cuando nos abrimos y confiamos en la vida y en nuestros propios recursos, ya estamos dando los primeros pasos para permitir que el cambio suceda. Podemos entrenarnos en estar preparados para aceptar lo que llega y lograr así vivir de forma serena y equilibrada.

Una de las actitudes fundamentales que desarrollamos con nuestra práctica Mindfulness está orientada precisamente a esto: a soltar expectativas y a abrazar la realidad tal y como es. O sea, tener “mente de principiante”.

Dejar de dar las cosas por sentado

La mente de principiante conlleva tener una actitud de apertura, siendo conscientes de nuestras expectativas, juicios y las emociones que se generan, pero sin dejarnos arrastrar por todo ello.

En la mente del que observa con curiosidad, hay muchas más posibilidades que en la mente del experto. Cuando no estamos constreñidos por unas expectativas de resultado, por nuestro punto de vista acerca de cómo son las cosas, nos abrimos a aprender.

Esto es especialmente importante en nuestras relaciones. ¿Cuántas veces no damos por sentado a nuestra pareja, a nuestros hijos? Pensamos que los conocemos, que sabemos cómo son, pero no es real. Sólo conocemos la imagen, el constructo mental que nos hemos hecho sobre ellos, pero no cómo son en realidad.

Por eso a veces las personas “nos sorprenden” (unas veces de forma grata y otra no tanto...) ¿Cómo no me di cuenta antes?, solemos decir. Quizás la respuesta sea porque no nos estábamos relacionando con la persona “real”, sino con la fotografía mental, la representación que de ella teníamos en nuestra cabeza.

La humildad nos hace madurar

Cuando miras las cosas desde la perspectiva de la mente de principiante, te vuelves más humilde. La práctica te vuelve a traer una y otra vez al momento presente, a lo que está aconteciendo ahora. Cada vez te vuelves menos arrogante, creyendo que “conoces” a tal persona, o que “ya sabes” algo porque lo has experimentado otras veces. Aprendes a relacionarte con ella desde la verdad: que tanto tú como ella estáis cambiando constantemente; por tanto, la relación es siempre nueva y diferente.

La mente necesita creer que las cosas son así y siempre seguirán así. Pero tú no eres “la mente”. En todo caso, esa mente forma parte de ti. Tú eres el amo y no al revés, lo que pasa es que se nos olvida.

La mente necesita tener seguridad, control, permanencia, pero la vida es constante cambio, sorpresa y juego. Si te cruzas de brazos esperando que se den las circunstancias correctas, si no confías en tu propia sabiduría para elegir lo que necesitas y no lo que quieres, te pasarás la vida enfadado y quejándote por todo. Ya no somos niños. Las circunstancias y las personas no se van a plegar a todos tus deseos sólo porque tú así lo quieras. Madurar implica asumir la propia responsabilidad, cuidando y respetando a los demás seres como te gusta que hagan contigo.

La elección es tuya

¿Qué vas a hacer? ¿Observar desde las gradas, jugar sólo si las normas son las que a ti te gustan, las que puedes controlar? ¿O vas a dejarte llevar por la frescura del momento?

Si quieres empezar a desarrollar mente de principiante, el último día de nuestro desafío de atención plena de 7 días está dedicado precisamente a este tema.

Atrévete a expresarte con creatividad, curiosidad y entusiasmo, reinventando a cada momento tú y tu mundo.

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