Estableciendo límites saludables

Por Débora Tejera | Desarrollo personal

Una armadura

Hace unos meses fui con una amiga a tomarnos un té. Hacía mucho tiempo que no la veía y tenía muchas ganas de compartir con ella, de ponernos al día de nuestras vidas.

Empezamos a hablar de todo un poco y al cabo de algunos minutos, la conversación se fue tornando más profunda a medida que entrábamos en un terreno más personal. Me contó que se sentía muy estresada, demandada por la cantidad de tareas y responsabilidades que recaían sobre ella. En el trabajo, en casa, las que su familia y la familia de su marido también ponían sobre ella...

La gota que colma el vaso

Me dijo, “Deb, estoy cansada de que tener que estar pendiente de tanto al mismo tiempo, mientras los demás no se hacen responsables de nada, y mucho menos de sí mismos. Creo que se han acostumbrado a que les resuelva sus problemas. Es más fácil. Y también les resulta muy sencillo echarme la culpa si las cosas salen mal o no cómo esperaban.

“El colmo fue mi hermana hace unos días. Mis padres hacen las bodas de oro dentro de unos meses y estamos organizando algo especial para conmemorarlo. Nos reunimos en su casa para concretar los últimos detalles y también porque quería hablar con ella al respecto. La verdad es que esto es más complicado de lo que parecía al principio y me estoy dando cuenta de que la mayor parte del peso lo estoy llevando yo sola. ¿Sabes qué me soltó, medio en broma, medio en serio? Que sabía que era verdad, pero que delegaba tantas cosas en mí porque sabía que yo podía. Que era muy buena organizadora, responsable, que tenía capacidad como para eso y más. Además, a ella nunca se le han dado bien estas cosas.

“Me quedé de piedra. En ese momento me di cuenta de la cantidad de cosas que cargo a mi espalda que no me pertenecen. Mi pobre cerebro, desgastado realizando tres o cuatro cosas a la vez, sin una necesidad real de hacerlo, ni ganas. Estresada todo el día. Vivo apurada. A todos lados voy corriendo. Todo el mundo tiene prisa, todo se necesita para ayer. Y ya no sé cómo parar. No disfruto de las cosas como antes. Siempre estoy de malhumor. ¡Y cansada! Muy cansada. Y cuando llega el fin de semana, tampoco puedo desconectar. Me siento como un buey atado al yugo. No sé qué hacer...”

Cuando asumimos responsabilidades que no nos corresponden

Desgraciadamente, la historia de mi amiga no es un caso aislado. Cada vez hay más personas que se sienten identificadas con esta situación. Normalmente, se trata de personas con un excesivo sentido de responsabilidad y una clara dificultad para poner límites en su vida.

A veces por amor, otras por querer agradar, o por quedar bien y no ser excluidos del grupo, tratamos de solucionar la vida de los que nos rodean. Sin darnos cuenta, empezamos a poner muchísima energía en intentar arreglar lo que está más allá de nuestro control, ignorando en no pocas ocasiones nuestras propias necesidades.

Cuando nos sentimos responsables de todo y de todos los que están a nuestro alrededor, empezamos a encontrarnos frustrados, estresados y con un enorme sentimiento de culpabilidad cuando las cosas no salen bien.

Soltando nuestra necesidad de control

Pero la realidad es que no podemos solucionar los problemas de los demás o hacernos responsables de su felicidad. Esto no significa que no nos importa lo que les ocurra, sino simplemente, que les respetamos lo suficiente como para no interferir en su toma de decisiones.

Y es que hay una diferencia muy grande entre estar cuando alguien realmente necesita soporte y hacer de salvadores. Es importante darnos cuenta y soltar nuestro control, nuestra necesidad de arreglar la vida de los demás. Esto es especialmente difícil, sobre todo cuando amamos a esa persona y no queremos verla sufrir. Sin embargo, nadie puede ser absolutamente responsable de todo. Debemos ser humildes para reconocer que no está en nuestras manos decidir qué experiencias necesita esa persona para su crecimiento. Muchas veces, los momentos en los que tocamos fondo son justamente los puntos de inflexión en los que nuestra vida tomó la dirección que necesitábamos. Y todos tenemos la capacidad y la fuerza interna de remontar y encontrar el rumbo correcto.

Entonces, se trataría de aprender a poner unos límites saludables que nos ayuden a centrarnos en nuestra vida y vivirla con más calma y sosiego. Unos límites firmes sin llegar a ser rígidos, y claramente definidos y sostenidos de manera asertiva. Así evitaremos dañarnos y herir a los demás.

Respetándonos

Al principio puede resultarnos un poco difícil aprender a posicionarnos de manera asertiva. Es bastante común sentirnos culpables, egoístas, malas personas... Llevamos tanto tiempo sin escuchar nuestras necesidades, ignorándolas, reprimiendo nuestra propia voz, que es normal que no sepamos muy bien cómo hacerlo. No obstante, todos tenemos derecho a expresar lo que somos. Aquí, de lo que se trata es de desarrollar una relación saludable con nosotros mismos. Descubrir cómo somos realmente y desde ese conocimiento, aprender a identificar nuestras necesidades y respetarlas. Al fin y al cabo, si cada persona es responsable de su propia felicidad, entonces a nosotros nos toca hacernos responsables de la nuestra.

Así que sé amable contigo mismo durante el proceso y respeta tus tiempos. Crea espacios para ti. Momentos y lugares en los que puedas restablecer el equilibrio. Un paseo en la Naturaleza, un baño relajante, practicar Mindfulness, pintar, escuchar música, compartir con las personas que amas...

Tienes derecho a cuidarte y protegerte. Amate lo suficiente como para permitirte decir no a lo que no es saludable para ti. Ponte en primer lugar. Cuando lo haces así, te relacionas con los demás desde un lugar de mayor honestidad y respeto, diciendo sí a lo que quieres y poniendo límites de manera asertiva a lo que no.

Logrando un mayor equilibrio

Hace unos días volví a quedar con mi amiga y entre otras cosas que compartimos, le pedí permiso para publicar su historia, sin poner nombres ni añadir más referencias. Su respuesta fue un sí rotundo. Ambas sentimos que esta es una situación con la que muchas personas se pueden sentir identificadas y lo que hablamos a continuación fue revelador para ella. En su caso, identificar su exceso de responsabilidad y la carencia de límites sanos en su vida supuso un antes y un después en su gestión personal y su calidad de vida.

Sigue felizmente casada, atendiendo a su familia y desarrollando su trabajo como la excelente profesional que es, pero ha aprendido a respetarse y colocarse en lugar que le corresponde. Y desde ahí, está respetando y colocando asertivamente a los demás en el lugar que deben ocupar.

No hace falta llegar al punto en el que estaba ella, saturada, estresada, al límite, para enfocar tu energía en lo que sí está en tu mano. Confía en ti y tu capacidad para cuidar de ti [email protected]

Y si sientes que necesitas ayuda para establecer límites sanos en tus relaciones, las consultas privadas o también online podrían ser un buen recurso para ti. Puedes pinchar en el siguiente enlace para concertar tu cita.

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