Los mayores obstáculos en la meditación y cómo solucionarlos (Parte 1)

Por Débora Tejera | Aprende mindfulness

Una mujer meditando

Llevas tiempo pensándotelo. Has buscado información, sabes lo que hay que hacer y tienes todo listo. Hoy, por fin, empiezas a meditar.

Así que te colocas en la postura que te enseñaron, cierras los ojos y... ¿Eh?

Eso no era lo que te esperabas.

¿Qué salió mal?

Meditar se supone que debería ser fácil. Pero cuando lo intentamos por primera vez, a menudo nos damos cuenta de que no es tan sencillo como nos imaginábamos.

Si te sientes identificado con esta experiencia, que sepas que no está solo. La mayoría de las personas se acercan a la meditación con ideas preconcebidas y con esperanzas que no coinciden con la realidad.

¿Por qué pasa esto?

Pues básicamente, porque la práctica formal de atención plena, la meditación Vipassana, no es una receta que se pueda seguir al pie de la letra. No produce los mismos resultados siempre y para todo el mundo.

Además, sentarse a meditar y la actitud que conlleva no es algo a lo que normalmente, estemos acostumbrados en Occidente.

¡No te preocupes!

Pero esta bien.

Como todo nuevo aprendizaje, la meditación requiere práctica para hacerlo bien. Y si ya sabes de antemano qué problemas son los que con más probabilidad te vas a encontrar, y como resolverlos, entonces ya tienes la mitad de la partida ganada.

Hoy, en la primera parte de este artículo, voy a hacer un repaso a tres de los obstáculos más comunes en meditación y cómo tratarlos. En mi próximo post, discutiré dos obstáculos más y terminaré con algunos consejos generales para que la práctica de la atención plena te resulte más efectiva.

¡Comencemos!

Obstáculo 1: la pos​tura

Esa postura con las piernas cruzadas se ve tan serena vista desde fuera, pero la reacción de muchos meditadores primerizos es ... ¡ay!

La mayoría de las personas en Occidente no meditan, así que nuestros cuerpos no están acostumbrados a esta posición, y mucho menos a sostenerla durante un período prolongado de tiempo. Incluso si meditamos en una silla, después de cierto tiempo el cuerpo comienza a “quejarse”.

Nuestra reacción

La forma en la que habitualmente reaccionamos ante eso es creando una serie de pensamientos como: “me duele la espalda”, “se me está durmiendo una pierna”, “¡No soporto este picor en la nariz..!” y nos quedamos ahí, enganchados a ese pensamiento.

La solución

Pero la verdad es que esto es perfectamente normal. Tienes un cuerpo que está vivo y en constante cambio.

Lo que hacemos al practicar Mindfulness es convertir estas sensaciones físicas en objeto de nuestra atención. Cuando surgen, las observamos.

Si en algún momento necesitas modificar la postura, porque, por ejemplo, el entumecimiento de tu pierna izquierda te está matando o tienes un dolor en la espalda tan insoportable que simplemente no puedes continuar, hazlo. Pero si es algo manejable, mi recomendación es que no hagas nada y lo observes.

Todas las sensaciones se terminan transformando o desapareciendo. Dale tiempo.

Obstáculo 2: la atención

Otra cosa que seguramente te habrá pasado es que tu mente se habrá puesto a mil. Después de los primeros segundos sosteniendo tu atención, es muy probable que se haya puesto a “funcionar”, trayéndote multitud de pensamientos que desviaban tu atención.

En realidad, esto es natural. Si has realizado nuestro reto de 7 días Mindfulness, ya sabrás que la función de la mente es precisamente esta: pensar.

Nuestra reacción

Sin embargo, cuando nos sentamos a meditar para traer algo de calma y equilibrio a nuestra mente estresada y esta expectativa no se cumple, la reacción más habitual es la impaciencia. Nos sentimos frustrados o con la sensación de que es culpa nuestra porque seguramente estamos haciendo algo mal.

La solución

Cuando hablamos de meditación, uno de los mitos universales que aún circulan por ahí, y que hace que muchas personas abandonen la práctica (¡o que ni siquiera la intenten!) es que meditar es dejar la mente en blanco.

Vamos a dejar algo claro.

La mente no se puede dejar en blanco a propósito, no se puede parar. Es verdad que tras cierto entrenamiento, el espacio entre pensamiento y pensamiento se va alargando, hasta lograr tener una mente en calma y serena. Pero lo que no se puede pretender es parar la máquina de golpe. Y menos tan acostumbrados como estamos a usar y abusar de ella todo el día.

Así que si te has descubierto despistándote y pensando en multitud de cosas mientras prestabas atención a tu respiración, quédate tranquilo porque es normal.

Ten paciencia contigo mismo y con el proceso. ¡Trátate con amabilidad!

Poco a poco, con la práctica, verás que te irá resultando cada vez más fácil “regresar”, volver a atender a aquello a lo que estabas observando.

Obstáculo 3: la distracción

¿Te identificas con esta escena?

Te sientas a meditar y parece que todo el mundo estuviera esperando justo este momento para empezar a hacer algo que te distrae de la práctica... Los niños comienzan a hacer ruido en la habitación de al lado, el vecino decide poner la música más bien alta, hay un perro que empieza a ladrar y no para...

Quizás la habitación empieza a notarse demasiado fría... o demasiado caliente... ¿Y qué es esa luz que está parpadeando? Si es que puedes verla incluso con los párpados cerrados...

Nuestra reacción

Aaarrrggghhh! Nos sentimos estresados, ansiosos y básicamente, que toda la experiencia es una pérdida de tiempo. ¡Con todas las cosas que tenemos que hacer!

La solución

Si te han distraído factores externos, que sepas que:

  • es algo perfectamente normal
  • te va a volver a pasar.

Siempre habrá circunstancias que estén fuera de tu control y que interfieran con tu práctica.

De nuevo, como en el caso de las sensaciones físicas, puedes elegir observar estas circunstancias externas y convertirlas en objeto de tu práctica.

Para mí, meditar es siempre un proceso. Hay que experimentar.

Si sientes que te distraen mucho, prueba a meditar en diferentes lugares. Quizás descubras que una habitación es mejor que otra. O con distintos horarios. Hay persona que prefieren meditar temprano, antes de que los niños se despierten y haya que prepararse para el día. Para otros es mejor por la noche...

Puedes probar a meditar con ropa ligera y que no te incomode en verano. Y a tener una manta a mano en invierno.

¡Ábrete a la experiencia y sé creativo!

Y sobre todo, ¡disfruta!

Próximamente

En la segunda parte de esta guía, voy a tratar dos obstáculos más en la meditación y compartiré contigo algunas recomendaciones para una práctica Mindfulness más efectiva.

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