Los mayores obstáculos en la meditación y cómo solucionarlos (Parte 2)

Por Débora Tejera | Aprende mindfulness

Una flor

En mi último post, compartí tres de los obstáculos más comunes a la hora de meditar. Hoy, tal y como prometí, hablaré sobre otros dos escollos importantes, y también te daré algunas recomendaciones para ayudarte a mejorar tu práctica Mindfulness.

Obstáculo 4: inquietud

Has tenido un día a tope: visita a clientes, almuerzo de trabajo, reunión del AMPA, la oreja ardiendo y el cuello dolorido de sostener el teléfono mientras atendías llamadas sin parar... No ves la hora de llegar a casa y tener un rato para desconectar un poco. ¡Necesitas meditar!

Preparas la habitación, te cambias de ropa, ¡hasta enciendes un incienso! Te sientas en tu postura de meditación y después de un minuto y medio te das cuenta de que, no solo no estás más relajado y calmado, ¡sino que estás aún más ansioso y estresado que cuando venías de camino a casa!

Nuestra reacción

Echarnos la culpa por no saber hacerlo bien, porque algo estaremos haciendo mal, porque no se nos da.

O echarle la culpa a la meditación: esto no funciona, es muy difícil, total no sirve para nada...

La solución

No te juzgues y te critiques con dureza. Eso para lo único que sirve es para hacerte dudar de ti mismo, de lo que verdaderamente quieres y de tus capacidades.

Cuando nos sentamos a meditar, el mero hecho de coger la postura y adoptar la actitud no significa que automáticamente vayamos a entrar en un estado de quietud y presencia.

A veces puede ocurrir, pero si has tenido un día muy estresante, has pasado muchas horas en tu ordenador, chequeando las redes sociales, o sientes que estás emocionalmente movido (has tenido una discusión muy fuerte, acabas de llegar a casa tras pasarte 2 horas atrapado en un atasco de tráfico, tienes que seguir trabajando en casa cuando lo que necesitas es descansar...), lo más probable es que necesites un tiempo para ir soltando toda esa carga y relajarte.

Además, meditar no es sólo mantener nuestra atención enfocada en un objeto, como por ejemplo la sensación que nos produce la respiración en las fosas nasales. Meditar es también darnos cuenta de que nuestra mente está activa.

Cuando te pase, puedes elegir observar tus emociones, tus pensamientos, o ese darte cuenta de que hoy tu mente está a mil e incluirlos en tu práctica Mindfulness.

Medita entonces, trayendo compasión y suavidad a ti mismo y a ese momento.

Pero si aún así, en algún momento sientes que te desbordan, prueba a canalizar ese exceso de energía primero. Puedes probar a hacer algo de ejercicio, salir a pasear, compartir ese problema que te angustia con alguien.. Y una vez que te encuentres más calmado, sentarte a meditar.

Obstáculo 5: somnolencia

A veces nos sentamos a meditar y al cabo de cierto tiempo, nos damos cuenta de que no tenemos ninguna sensación. Es como estar en una especie de limbo. Un lugar a medio camino entre quedarnos dormidos y una especie de niebla mental que nos embota.

Nuestra reacción

Cuando en nuestra meditación alcanzamos estados de relajación muy profundos, lo relacionamos de forma inconsciente con dejarnos dormir. Asociamos de forma natural relajación = paso previo a dormir, así que poco a poco nos vamos hundiendo en una especie de letargo que nos insensibiliza.

La solución

Este estado es justo lo contrario a la lucidez y claridad mental que se desarrolla con la meditación.

A veces la mente se desliza a un estado de embotamiento y dejas de estar plenamente consciente. Dejas de estar atento y te cuesta enfocarte con claridad en el objeto de tu meditación.

Cuando te ocurra, hazte consciente de tu postura. Probablemente, tu espalda haya dejado de estar recta, tus hombros hayan caído hacia delante. Yérguete, estira la espalda, centra tu atención de forma consciente en tu postura por unos momentos. Esto inyectará energía a tu práctica.

Recomendaciones para una práctica más efectiva

Como ves, durante la práctica pueden ocurrir multitud de cosas. Algunas claves que te pueden ayudar a sostenerte en ella son:

  • Olvídate de tus ideas preconcebidas acerca de lo que es la meditación. ¡Practícala!
  • Practica de la manera que te funcione. Si es en un cojín, usa un cojín. Si prefieres una silla, ve a por la silla. Si prefieres estar en movimiento, medita caminando. ¡Experimenta!
  • Acércate a tus experiencias con curiosidad y apertura.
  • Cuando medites, reconoce lo que está sucediendo: pensamiento, emoción, ruido en la calle, picor en la nariz... Y ya está. Luego, de forma suave y amable vuelve a colocar tu atención en aquello que estabas observando.
  • No tienes por qué andar el camino tú solo. Si lo necesitas, apóyate en otras personas que estén al mismo nivel que tú o que lleven tiempo transitándolo.

Recuerda: no existen malos meditadores.

Si te sirve de consuelo, todo el mundo tiene sus dificultades a la hora de meditar. La clave está en cómo te las tomes. Puedes vivirlas como obstáculos o como oportunidades de crecimiento.

Como siempre, ¡tú decides!

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