Mindfulness: desmontando el mito

Por Débora Tejera | Aprende mindfulness

Yin y yang

Me pasa a menudo que cuando me preguntan a qué me dedico y les digo que soy consultora de Mindfulness, el siguiente comentario suele ser algo así como “¡Ah, sí! Me suena. Es eso de meditar y estar tranquilos. Estar “zen”, ¿no?”.

Y es que este es uno de los mitos más comunes sobre la práctica Mindfulness, que nos acerca exclusivamente a estados de paz y felicidad.

Este suele ser el cliché con el que me encuentro habitualmente y que suele estar a la base de una creencia muy extendida: que la práctica de la atención plena es algo así como una solución mágica para erradicar de un plumazo lo que quiera que sea que esté creando problemas en nuestra vida.

Cuando nos entregamos...

Quizás un poco de culpa en este estereotipo tan extendido sean esas fotografías impecables de personas meditando en entornos idílicos, con esas caras semi-sonrientes, tan felices y perfectas... Así, no es de extrañar que automáticamente se cree en nosotros la expectativa de:

Meditación = Exclusivamente estados positivos

¡Creencia falsa!

Y con ese ideal en mente, muchas personas se embarcan entonces en una búsqueda de la felicidad a través del Mindfulness. Se compran un libro, asisten a un seminario y comienzan a practicar.

¡Ah...! Pero la mayoría de nosotros sólo queremos lo bueno, y a veces lo que comienza a aparecer durante la práctica no tiene nada que ver con esa imagen idílica que albergamos en nuestra mente. Sensaciones físicas molestas, emociones contractivas, pensamientos circulares que nos agotan... En cuanto las cosas comienzan a complicarse, enseguida nos agobiamos y queremos salir corriendo de esa situación.

... y abrazamos la experiencia al completo...

Sin embargo, que la práctica Mindfulness nos ayuda a conseguir una mayor concentración y enfoque en nuestra vida es un hecho. Que logramos situarnos en un lugar interno de mayor calma, compasión y sosiego también. Entonces, ¿qué es lo que está fallando?

En realidad, nada. Simplemente, que la concepción que muchas personas aún tienen de la práctica Mindfulness necesita ser completada:

Mindfulness no significa darnos cuenta sólo de nuestros estados positivos y amables, o atender sólo a lo que nos gusta. Mindfulness es abrazar nuestra experiencia al completo, lo que quiera que esa experiencia nos traiga: bueno, malo, agobiante, liberador, pesado, sutil... Y acogerlo con una actitud determinada: aceptándola sin juzgar, con amabilidad y una apertura curiosa. 

¡Creencia correcta!

Cuando nos comprometemos con la práctica y lo hacemos desde esta perspectiva, quizás no consigamos acabar con nuestros problemas como quien agita una varita mágica (¡Hey! Que si alguien sabe de algún método fiable de conseguir soluciones exprés que no incluyan rituales ancestrales ni invocaciones de seres del inframundo, nos puede escribir y compartir sin problema), pero lo que sí vamos a conseguir es dejar de sufrir por ellos.

... el sufrimiento es opcional

Si te paras a pensarlo, ¿cuándo sufres por las cosas? Pues seguramente será cuando no las aceptas tal y como son en ese momento. Cuando anhelas un estado diferente, estar en otro sitio, que las cosas sean como quieres. Entonces lo que existe en tu interior es incomodidad y contracción. Y eso no le gusta a nadie.

Sin embargo, ¡es ahí donde estamos la mayor parte del tiempo!

La práctica Mindfulness bien entendida nos ayuda a aliviar este sufrimiento, al enseñarnos a prestar atención sin prejuicios a lo que está sucediendo en nuestro interior y en el entorno en el momento presente. Cuando nos acercamos a las experiencias desde esta perspectiva, vamos desarrollando la capacidad de ir apagando el piloto automático y disfrutar del placer de comandar, elegir, ¡decidir! nuestra propia vida.

Si somos capaces de observar y acoger sistemáticamente la forma en la que experimentamos cada momento y nuestro lugar en el mundo, entonces ahí sí que tenemos la posibilidad real de que nuestra vida se transforme en ese lugar de paz, equilibrio y amor que nos pertenece por derecho propio.

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