¿Quieres sentirte menos ansioso? ¡Go with the Flow!

Por Dominic Fenn | Aprende mindfulness

Agua que fluye

Es natural sentirse un poco ansioso de vez en cuando. Eso es parte de lo que nos hace humanos (junto con, entre otras cosas, la necesidad de oxígeno y nuestra tendencia a sentirnos un poco apestosos si no nos bañamos).

Sin embargo, las tensiones del mundo moderno a menudo crean un nivel de ansiedad poco saludable, que puede dañar seriamente nuestro disfrute de la vida e incluso nuestro cuerpo.

La buena noticia es que hay una manera de reducir esta ansiedad. Al cambiar la forma en que experimentamos los eventos en nuestras vidas, podemos usar el poder natural de la mente para ayudarnos a sentirnos más tranquilos, felices y conectados con el mundo que nos rodea.

Para entender cómo, primero debemos viajar en el tiempo 2500 años atrás y explorar la conexión entre un río que fluye, el momento presente y un par de calcetines mojados.

Sumérgete en el pasado

Hace dos mil quinientos años, en la antigua Grecia, vivía un filósofo llamado Heráclito. Las ideas que tuvo sobre lo que significa ser humano fueron revolucionarias para su época y siguen siendo increíblemente relevantes hoy en día. Una de las más famosas fue ésta:

“Nadie puede pisar dos veces el mismo río.”

Espera... ¿Repite eso otra vez?

A primera vista, esta idea parece no tener mucho sentido. Quiero decir, obviamente es posible cruzar el mismo río más de una vez, ¿no es así? Lo he hecho, y probablemente tú también.

Entonces, a menos que tuvieran algunos cauces de agua realmente mágicos en la antigua Grecia, podrías sentir la tentación de pensar que la única agua “rara” era la que Heráclito estaba bebiendo.

Pero vamos a darle un minuto al hombre (es lo justo, teniendo en cuenta que él ha esperado casi tres milenios) y veremos que su argumento tiene todo el sentido del mundo, tanto el antiguo como el de hoy en día.

Dar el paso decisivo

Imagina que estás ahí, al lado de un río. Es un río bonito y tranquilo, no muy profundo ni muy rápido, por lo que puedes entrar en él sin preocuparte de si puedes ahogarte o ser arrastrado.

¡Allá vamos! Pones un pie en el agua, y luego el otro. Hace un poco de frío, y tus calcetines ahora están empapados, pero logras mantener el equilibrio. Bueno. Todo va bien hasta ahora.

Te das la vuelta, vuelves a subir a la orilla y te vuelves a mirar hacia el río. Es tiempo para el gran clímax. Respiras hondo, mueves tu pie bueno hacia adelante y... ¡al agua!

¡Ta-da! ¡Acabas de pisar el mismo río dos veces!

Pero... Un momento. ¿Estás seguro?

Vayamos un poquito más allá

El río puede fluir lentamente, pero definitivamente se está moviendo, así que pregúntate esto: ¿Pisaste la misma agua la segunda vez?

No lo fue, ¿verdad? Era un agua completamente diferente, fresca, de las colinas. El agua que pisaste la primera vez ya estaba río abajo, en su camino hacia el mar.

Y si me permites el juego de palabras, podríamos ir un paso más allá.

¿Eres la misma persona que pisó el río la primera vez?

Es posible que no notes ninguna diferencia obvia, pero ahora tienes unos segundos más. A nivel celular, tu cuerpo ha cambiado un poco. Has tenido algunas sensaciones físicas, la frialdad del agua y la humedad de tus calcetines, que son específicas de este momento. Has ganado algunos recuerdos nuevos, y quizás ahora tengas algunas ideas nuevas (como que tal vez deberías traer una toalla y algo de ropa seca la próxima vez que te dediques a vadear ríos helados).

Todo tiene que ver con el cambio

En otras palabras, has cambiado. Has cambiado y el agua ha cambiado, y, de la misma manera, también el aire que respiras. Observa su frescura mientras inhalas tu próxima bocanada: este aire que respiras en este momento, que llega arrastrado hacia ti por una suave brisa. Cada respiración que tomas es única: un solo momento en el tiempo y el espacio, que nunca se repetirá.

Mientras exhalas, sintiendo cómo el aire que sale de tus pulmones es arrastrado por la misma brisa (¿o es una diferente?), diriges tu atención a lo que te rodea, y te das cuenta de que también eso ha cambiado.

El pájaro que estaba sentado en un árbol cercano se ha ido volando. Antes todo estaba tranquilo, pero ahora puedes oír un coche que se aproxima en la distancia. Mientras escuchas el ruido del motor a medida que se aproxima, el sol se asoma por detrás de una nube y sus cálidos rayos te golpean la cara, quitándote el frío.

Sientes una calma perfecta, una sensación de satisfacción, de presencia mientras disfrutas de todo lo que trae este momento.

Esto es lo que significa estar presente

Vivimos en un mundo que está en constante cambio, y nosotros también estamos cambiando continuamente.

Si nos entrenamos para darnos cuenta estos cambios, no solo nos volvemos más presentes en el mundo sino que también, al concentrarnos en nuestras sensaciones físicas y las cosas que están sucediendo a nuestro alrededor, dejamos de distraernos con los pensamientos en nuestra mente. Simultáneamente, nos comprometemos más con nuestras vidas y nos sentimos menos ansiosos (un resultado que los filósofos de hoy llamarían “ganar–ganar”).

Hace dos mil años y medio, Heráclito lo sabía. Y ahora todos tenemos la oportunidad de seguir sus pasos.

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