Simplifica tu vida y descubre tu verdadero yo

Por Débora Tejera | Desarrollo personal

Ama tu vida

Cada vez son más personas las que deciden reevaluar sus prioridades y empezar a vivir con más sencillez.

Unas se ven forzadas a hacerlo por necesidad. La vida les ha puesto en una tesitura de tener que arreglárselas con menos y no queda otro remedio que adaptarse a lo que hay.

Otras se sienten saturadas de tanto exceso: posesiones, relaciones, compromisos... Necesitan hacer espacio para poder encontrarse.

Un cambio de perspectiva

Algunas de repente se dan cuenta de que quieren trabajar para vivir, no vivir para trabajar. O que no se sienten realizadas con lo que hacen y deciden empezar una nueva carrera profesional que les llene.

También las hay que necesitan cambiar de aires y mudarse a un lugar en el que puedan estar más conectados con la naturaleza, la externa y la suya propia.

Para otras, el cambio de paradigma les llega como resultado de vivir sus vidas con un profundo sentido de autenticidad y coherencia.

Independientemente de cuál sea el motivo, el hecho es que no se trata de un fenómeno aislado o de una moda pasajera. Somos muchos los que sentimos ese deseo de simplificar nuestra vida, de hacer una pausa consciente para discernir lo importante de lo superfluo y empezar a soltar aquello cuyo tiempo con nosotros ha pasado ya.

Determina lo que es esencial

Creo que es importante darnos un tiempo para reflexionar sobre todo lo superfluo que acumulamos y que nos influye e incluso satura, porque no son sólo bienes materiales. Hay quien alardea del número de personas que conoce, o la cantidad de seguidores que tiene en las redes sociales. O de todas las actividades en las que está inscrita. O incluso, de lo apretada que está su agenda.

A veces lo que se colecciona son ideas, personas, experiencias... Y no nos damos cuenta.

Dónde reside el verdadero poder

Ese “tener” nos hace sentir seguros, nos da confianza, pero no es real. Cuando nos relacionamos con nosotros mismos (y por tanto, con el mundo) desde este lugar, pensamos que somos los que poseemos. Sin embargo, es al contrario. Todo eso ejerce un enorme poder sobre nosotros.

Y si no me crees, prueba a regalar o donar aquellas cosas que ya no necesitas. O tirar las que ya no puedan ser utilizadas y que guardas “por si acaso”. O a borrar tu cuenta del Facebook.

A no ser que hayas hecho ese trabajo interno de ver dónde pones tu sentido de identidad y en qué basas tu autoimagen, verás que no es una tarea sencilla.

Por tanto, tan importante es determinar a qué nos apegamos como el discernir por qué lo hacemos. Quizás lo que se esconde detrás de ese afán por consumir y acumular sea una profunda sensación de inseguridad, de miedo. Miedo a no tener suficiente. A no ser suficiente.

Asegúrate de que no estás asociando tu identidad con aquello que posees. Nadie debería medirse o sentirse realizado en función del número de posesiones materiales que tiene. O del número de personas que conoce. O de lo ocupada que esté su agenda.

Suelta con agradecimiento

Entonces, empezar a recorrer el camino de la simplicidad pasa por darnos cuenta de esa trampa en la que estamos metidos y optar por una vía diferente. En lugar de acumular porque sí, empezamos a comprender por qué lo hacemos. Y no nos juzgamos por ello. Al juicio también lo dejamos ir.

Y así, desde este lugar de claridad y aceptación incondicional de lo que es, estamos en una posición de poder discernir con mayor nitidez lo que es útil y lo que no. Y soltarlo con amabilidad y gratitud. Al fin y al cabo, nos ha ayudado a estar donde estamos ahora.

Cuando nos damos cuenta de que en realidad sólo tenemos aquello que podemos dar, la perspectiva cambia. Empezamos a vivir las cosas de una manera más profunda y con un hondo sentido de conexión. Creamos espacio para que lo nuevo pueda llegar a nuestra vida, y así enriquecerla. Nos damos la oportunidad de experimentarnos a nosotros mismos desde otro lugar. De ser más creativos y de disfrutar.

La simplicidad enriquece la vida

Vivir una vida más simple no significa vivir sin emoción, sin riqueza. Al contrario. Quizás porque dejamos de atender a tantos estímulos, compromisos, tareas y deberes, somos capaces de conectarnos de una manera más profunda con las personas, con el momento y con nosotros mismos.

Aprendemos a darnos desde un lugar de mayor autenticidad, disfrutando al máximo de todo. Y es aquí donde nuestras relaciones se vuelven más verdaderas.

Cuando eliges vivir tu vida de manera simple, quizás no estés en tantos lugares o tengas una actividad tan frenética como solías tener, pero el grado de presencia y de plenitud que experimentarás lo compensará con creces.

Y ante todo, recuerda que simplificar tu vida no significa lograr un objetivo y ya está. Se trata más bien de un proceso, un nuevo camino que recorrer. Así que no seas demasiado exigente contigo mismo si te propones hacer tu vida más sencilla y cuando llegue el momento de hacer la próxima limpieza de primavera, te das cuenta de que todavía tienes un montón de trastos. Recuerda cómo comenzaste y date cuenta de dónde estás ahora. Y después, sigue disfrutando del viaje.

>