¡Que tengas una Navidad mindful! (Parte 1)

Por Débora Tejera | Aprende mindfulness

Una Navidad mindful con Time to Feel

La Navidad tiene muchas connotaciones dependiendo a quien preguntes, pero hay algunos aspectos en los que todos estamos de acuerdo.

Es momento de compartir, de celebrar, de estar con tus seres queridos, de reencontrarte con personas o lugares que hace tiempo que no ves... Son situaciones que a priori son motivo de alegría y bienestar. Sin embargo, y aquí viene la paradoja, también se pueden vivir como una fuente de estrés y conflicto.

Las prisas, los compromisos, las expectativas que no siempre vamos a poder cumplir, el recuerdo de aquellos que ya no están... A veces la Navidad puede resultar un auténtico desafío si no nos hacemos conscientes del lugar desde el que la estamos viviendo.

Muchas veces, estamos tan ocupados y cargados de tareas y listas de “tengo que hacer”, que inconscientemente dejamos de lado lo más importante: compartir. Y más importante aún, el lugar desde el que lo hacemos. Estamos deseando que llegue la Navidad y cuando está aquí, no solo no la disfrutamos como queríamos, sino que nos descubrimos deseando que se acabe.

Una experiencia más consciente

Como ves, es un tiempo en el que tendemos a perdernos. Si ya de por sí nos resulta muy sencillo deslizarnos en ese estado de semiinconsciencia que llamamos “piloto automático”, ¡en Navidad esta facilidad se ve exponencialmente incrementada! Las luces, las comidas, los encuentros, los mensajes navideños que nos llegan al móvil... Toda esa enorme estimulación externa que nos va atrayendo como mariposas a la luz, ¿verdad?

Sin embargo, podemos elegir vivir estas situaciones desde un lugar de mayor consciencia, aceptación y compromiso. Un lugar en el que no nos dejemos arrastrar por un modo reactivo de estar en lo que nos pasa, sino que podamos elegir nuestras respuestas.

En este artículo y en el que publicaremos la próxima semana, voy a compartir contigo una serie de situaciones y de aspectos que a mí me sirven para recordarme enfocar mi atención y hacerme así más consciente de lo que estoy viviendo.

Tómate un respiro digital

1. Tómate un respiro digital

A nadie se le escapa que la tecnología es una de las mayores fuentes de distracción que tenemos hoy en día. Sin embargo, siempre podemos decidir cómo queremos utilizarla. La práctica de la atención plena nos ayuda a gestionarnos mejor y hacerlo desde un lugar de mayor conciencia.

En estos días, plantéate dejar a un lado lo más que puedas tu móvil, ordenador, tablet, Netflix... A mí me ayuda mcuho hacerme un “plan de acción”. Por ejemplo, chequear el móvil una vez cada hora (en lugar de cada vez que suena una notificación de entrega...), o reservar un momento del día para navegar por internet y devolver las felicitaciones navideñas. También intento, en la medida de lo posible, hacer las llamadas que sé que necesito realizar una detrás de la otra. De esta manera, siento que me puedo relajar sabiendo que he cumplido con esa tarea.

Sé amable contigo mismo

2. Sé amable contigo mismo

La navidad es una época que nos puede generar emociones y sentimientos encontrados. Muchas veces, nos sentimos alegres y agradecidos por todo lo que tenemos para compartir, pero puede que esos sentimientos convivan con algo de tristeza y nostalgia, principalmente por las personas que ya no están a nuestro lado.

Para algunas personas, estas fiestas son sinónimo de soledad y pérdida. En ocasiones, la presión externa por estar todos felices y exultantes de alegría puede hacer que estas emociones difíciles sean ignoradas y apartadas a un lado. Es importante permitirnos reconocer y sentir estas emociones, aceptarlas con suavidad y dejar que sigan su curso. Las emociones no son buenas o malas en sí mismas. Esta es simplemente la interpretación que cada uno de nosotros les da dependiendo del momento que se esté viviendo.

Si te sientes movido emocionalmente, reconócelo y permítelo con compasión y bondad. Haz espacio para ti y acógete incondicionalmente.

Además, cuando nos abrimos a experimentar nuestro mundo emocional, pronto descubrimos que estamos más abiertos y atentos al mundo emocional del otro. Es más fácil crear conexión y empatía con aquellos con los que estamos compartiendo. Nuestras relaciones ganan entonces en fluidez y significatividad.

Escucha activa

3. Practica la escucha activa

En las reuniones familiares, con tus amigos o con los compañeros de trabajo, permanece abierto y receptivo a lo que te transmiten los demás con su lenguaje verbal y no verbal. Como reza la famosa frase de Zenón de Citio: “Tenemos dos oídos y una boca, por lo que debemos escuchar más de lo que decimos”. Aprovecha estos encuentros y ponla en práctica.

Cuando escuchamos con consciencia, los demás sienten que estamos realmente ahí para ellos, que nos importan. La comunicación se vuelve entonces más verdadera y sentida.

Permite que se expresen sin interrumpirlos. A veces hay cosas que nos cuesta más verbalizar, así que dales tiempo. Permanece en silencio y totalmente enfocado en el momento. En lo que sientes tú, y en todo lo que el otro te transmite con sus gestos, con sus palabras y con sus silencios...

Come con consciencia

4. Come con consciencia

Muchas personas se pasan el año hablando de las fantásticas comidas que se preparan en su casa por Navidad, o que les encanta ese postre que sólo se prepara en estas fiestas, pero luego se sientan en la mesa y engullen la comida sin saborearla. La falta de consciencia nos hace caer en el exceso. Y de ahí, a sentir fracaso y culpa sólo hay un paso...

Estas navidades, cada vez que compartas una comida con tus seres queridos, tus compañeros de trabajo, etc., aprovecha las sugerencias  anteriores. Deja a un lado el móvil y escucha con consciencia. Presta atención genuina a lo que estás haciendo: a las comidas, a las conversaciones... Interésate genuinamente por la otra persona y lo que está diciéndote.

Cuando estés en la mesa, presta atención a tus sentidos. Date cuenta del olor de la comida. Trata de distinguir algún ingrediente... Un condimento...  Mastica lentamente, saboreando cada bocado. ¿Qué textura tiene? ¿Qué sensaciones te produce?

Comer es un placer. Conviértelo en un momento de disfrute, no en un motivo para practicar la inconsciencia y luego sentirte culpable. Presta atención a lo que comes, a la cantidad que te sirves. No te obligues a comer mucho por compromiso o simplemente porque tengas toda esa comida disponible. Quizás descubras que tus motivos no son los que a priori te parecen. Date cuenta de si estás comiendo con ansiedad y estrés, y pregúntate por qué.

Crea espacios para ti

5. Crea espacios para ti

A veces estamos tan absortos con todos los preparativos y tratando de complacer a todo el mundo, que nos olvidamos de nosotros mismos. Recuerda que de donde no hay, no se puede sacar... Si no te cuidas, recargando tu energía y dándote momentos de quietud y silencio, llegará un momento que el que te sentirás agotado y con ganas de que salir corriendo.

Es importante hacer las cosas con amor, y para eso primero necesitas dártelo a ti mismo.

No se necesitan grandes gestos para cuidar de uno mismo. Está genial si nos podemos regalar unas vacaciones en las Bahamas, pero no hace falta ir tan lejos para quererse. Encender una vela perfumada, o tu incienso favorito, darte un baño de espuma... Se trata de permitirte  momentos para ti, para recargarte de buena energía. Date los descansos que necesitas. ¡Y muy importante! Acuérdate de que no necesitas hacerlo todo tú solo. Puedes delegar tareas en otras personas, o planificarlas de manera que no quede todo para última hora.

Y no te olvides de practicar la asertividad a la hora de expresar lo que necesitas. Recuerda que cuanto más tolerante y compasivo seas contigo mismo, más podrás serlo con los demás.

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